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miércoles, 18 de febrero de 2015

LA COSTA DE LOS ESQUELETOS. Un cementerio para barcos.


Con un nombre ideal para una región que pudiera servir de refugio a los más despiadados piratas de los siete mares, la Costa de los Esqueletos se localiza al noroeste de Namibia, entre el río Kunene, en la frontera con Angola, y el río Ugab. El nombre, pese a las apariencias, poco o nada tiene que ver con fechorías piráticas, pues alude a la cantidad de navegantes europeos que a lo largo de los siglos sufrieron terribles naufragios en sus agitadas aguas. Los portugueses fueron los primeros en explorarlas y le endilgaron el poco tranquilizador apodo de las «Puertas del Infierno». A este macabro pasado le siguió una larga temporada de pesca indiscriminada de ballenas y lobos marinos cuyos esqueletos resplandecían junto a los numerosos pecios que todavía yacen desparramados en las playas de esta costa. Según las autoridades de Namibia, se conservan restos que tienen cinco siglos de antigüedad, pero también otros más recientes, como el carguero Eduard Bohlen, que encalló por culpa de la espesa niebla. Para no deshonrar el nombre de esta costa, cada una de las dos puertas que abren la entrada al Parque Nacional de la Costa de los Esqueletos está oportunamente decorada con la calavera y las dos tibias típicas de los piratas.





Hoy la percepción sobre esta esquina de África es completamente diferente, aunque el paisaje desolado sigue formando parte del espíritu de estas regiones. Entre los citados ríos Kunene y Ugab se extienden los 500 kilómetros de costa del desértico Parque Nacional Costa de los Esqueletos, cuya superficie completa asciende a unos 20.000 km². Los dos tercios del norte del parque están catalogados como área salvaje y no puede ser visitada salvo con el permiso de los titulares de concesiones turísticas de la región. El área restante sí se puede explorar de forma independiente, aunque hay que mantener las precauciones debido a la gran abundancia de animales salvajes.
En el Skeleton Coast National Park hay diversos lugares que tienen un especial interés por su rareza. Los castillos de arcilla de Hoarisib es uno de los principales; se trata de serpenteantes formaciones arcillosas talladas por la acción de los elementos. Los salitrales del monte Agate es otro de los puntos calientes de este destino turístico, y uno de los paisajes más sorprendentes del Parque Nacional Costa de los Esqueletos. Esto, sumado a los pecios que aún existen en la costa, hace de este destino un lugar realmente peculiar.





Por otro lado, la vida salvaje se abre camino por estos lares a pesar de la aridez y hostilidad del entorno. El elefante es una de las especies más importantes del Skeleton Coast National Park: se han contabilizado varios centenares de ellos en las regiones más septentrionales junto a los lechos de los ríos. Además juegan un papel trascendental para la fauna local, ya que hacen agujeros en la tierra para obtener agua que luego serán aprovechados por algunos depredadores. Además de elefantes, el viajero que se adentre en este parque nacional africano podrá encontrarse con rinocerontes negros, aunque es muy difícil verlos. Otra de las especies que habitan el parque es el león costero, que se adentró en él tras los antílopes y que acabó por adaptarse al nuevo hábitat gracias a los agujeros realizados por los elefantes, a los restos de ballenas y a los lobos marinos que abundan en esta parte de la costa de Namibia. Las jirafas también forman parte de los áridos paisajes del Skeleton Coast National Park. 
En el cabo Cross existe una populosa colonia de lobos marinos que cuenta con unos 100.000 ejemplares, la mayor de África y uno de los lugares más visitados de Namibia. Además, se puede contemplar la réplica del padrão —una especie de monolito de piedra rematado por una cruz, y con el escudo de Portugal— que plantó en esa costa el navegante portugués Diogo Cão en 1486 para señalar que aquella región había sido descubierta por marinos portugueses.