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miércoles, 14 de enero de 2015

TABLE MOUNTAIN. El guardián de la Ciudad del Cabo.


Es uno de los recorridos más espectaculares que se puede emprender dentro de una ciudad. Es muy corto —apenas dura unos minutos—, pero corta el aliento. Sólo hay que tomar el teleférico que asciende hasta Table Mountain para disfrutar de una de las mejores vistas urbanas que se pueda imaginar. Allá, mil metros más abajo, se extiende Ciudad del Cabo, brillante entre el océano y las montañas. Desde el mirador se distingue perfectamente el puerto y las colinas lejanas, la playa de la bahía y ese redondel que es la isla Robben, y se entiende que se diga que esta ciudad goza de uno de los emplazamientos más hermosos de todo el planeta. Tal vez solo sea superado por Río de Janeiro. Hacia el otro lado del mirador, hacia el sur, la montaña continúa formando la península del Cabo, que se hunde en el océano en el cabo de Buena Esperanza, uno de los mitos viajeros más importantes de los últimos 500 años. Es difícil llegar hasta aquí y no sentir su llamada. Está a poco más de 50 kilómetros de distancia.



Delicias de altura
El conjunto se impone como uno de los grandes destinos naturales más cercanos a una gran ciudad. Para adentrarse en este mundo basta con saltar al teleférico o, con un mínimo de forma física, emprender la ascensión a pie. De hecho, Table Mountain está reconocido como el macizo montañoso más escalado del mundo. Hay que andar con cuidado y estar al tanto de las previsiones meteorológicas.
Todo el mundo siente el impulso de subir a la montaña. La primera ascensión de la que se tiene noticia la realizó el capitán portugués Antonio de Saldanha en el ya lejano 1503. Debía de ser un buen observador de la naturaleza, ya que eligió buscar un camino por Platterklip Gorge, que todavía hoy sigue siendo el camino más transitado y asequible. Un camino con una carga más romántica es el que se asciende por Skeleton Gorge. La razón es que se inicia en el jardín botánico nacional de Kirstenbosch. Este jardín sin duda es uno de los mejores del mundo, con más de 8.500 especies de plantas que, a su vez, atraen a una gran cantidad de aves. El jardín está en una de las laderas de Table Mountain y lo fascinante es que en realidad se acaba fundiendo con la vegetación natural de la montaña. Arriba espera su gran variedad de flora y fauna autóctona.




Montañas, cabos y bahías
Table Mountain, la Montaña de la Mesa, marca el extremo septentrional del parque nacional al que da nombre. Sin embargo, este parque también incluye otros lugares tan fascinantes o más que la propia montaña. La excursión más interesante desde Ciudad del Cabo es al cabo de Buena Esperanza, que se encuentra también dentro del parque. Este cabo es un lugar mítico en la historia de la navegación y las exploraciones. Sin embargo, cabe recordar que no es el punto más meridional del continente –este honor corresponde al cabo Agulhas, a unos 300 kilómetros al este– ni el lugar donde se juntan los océanos Índico y Atlántico. Pero son detalles que no restan un ápice de interés a este viaje.
La ruta empieza en Green Point y pasa por algunos de los barrios más elegantes de los suburbios de Ciudad del Cabo, como Sea Point, Clifton, Camps Bay y Llandudno. En Clifton probablemente se encuentre el metro cuadrado de viviendas más caro de todo el continente. Sobre Clifton y Camps Bay se encuentran las formaciones rocosas conocidas como Twelve Apostles (los Doce Apóstoles). La carretera llega luego a Hout Bay, donde se puede visitar World of Birds, el mayor parque de aves de todo el continente africano, con más de 400 especies diferentes. Desde Hout Bay, y si está abierta (a veces se cierra por desprendimientos), se puede seguir el Chapman’s Peak Drive, que tiene fama de ser una de las carreteras más hermosas del mundo. Son sólo 10 kilómetros, pero hay tramos en que la carretera está tallada directamente en el precipicio que surge directamente del océano.




El reino floral capense
Más al sur se encuentra el cabo de Buena Esperanza y la carretera atraviesa un paisaje espléndido, con playas salvajes y páramos batidos por el viento. En esta reserva se protege el reino floral del Cabo, el más pequeño y variado de los seis que hay en el mundo y es, por tanto, uno de los lugares con mayor biodiversidad del planeta. Representa menos del uno por ciento de la superficie africana, pero posee en torno a un 20 por ciento de la flora del continente. Hay varios caminos que permiten adentrarse en esta maravilla de la naturaleza. Al final se llega a Cape Point, una de las dos puntas de esta península. Hay que subir hasta el faro que corona el promontorio para sentir cómo el continente se hunde en el océano. Hacia el sur sólo queda la Antártida. 
De regreso a Ciudad del Cabo se puede recorrer el otro lado de la península, la costa de False Bay. La parada fundamental es Simonstown, la tercera población más antigua del país, un pueblo costero con calles bien cuidadas y un puerto deportivo abierto a un paisaje luminoso. Pero lo más impresionante está en la playa Boulders, a un par de kilómetros, donde habita una colonia de pingüinos africanos. Una ocasión única de ver de cerca a estos animales en peligro de extinción.









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